El índice de ahorro de las familias españolas respecto a la renta bruta disponible (es decir, lo que nos queda después de pagar los impuestos) y sin tener en cuenta lo que se destina a pagar la hipoteca, es del 3%, muy por debajo del 10% que ahorran otros países europeos, como Alemania, Francia e Italia. “Somos una sociedad bastante irresponsable”, comenta Luis Peralta, analista financiero y socio de Robusto, una sicav dedicada a invertir en empresas de criterio sostenible. Según Peralta, hay varios motivos para ahorrar: la jubilación, la educación de los hijos, imprevistos… Pero no basta guardando el dinero en un calcetín: “La gente tiene que entender que también hay que poner el dinero a trabajar, porque si no la inflación se te comerá los ahorros “, dice Peralta. Por ejemplo, 50.000 euros ahorrados y no invertidos tendrán a los 10 años un poder de compra de 40.854 euros por culpa del efecto de la inflación (suponiendo una inflación del 2%). En 10 años han perdido el 18% de su valor. Si los invertimos en un depósito al 3%, obtenemos a los 10 años un poder de compra (se tiene en cuenta el 3% menos el 2% de inflación) de 55.231 euros, “un 10% más de lo que teníamos”, remarca Peralta. Si los invertimos en renta fija corporativa a largo plazo, con un rendimiento esperado del 6%, obtenemos en el mismo periodo un poder de compra de 74.012 euros, un 48% más. La cifra aumenta si invirtiéramos en renta variable, es decir, en acciones en la bolsa, ya sea a título privado o por medio de un producto de inversión colectivo, como un fondo de inversión o un plan de pensiones en renta variable. “La bolsa tiene rendimientos más elevados, pero el ahorrador debe tener en cuenta que también tiene más riesgo”, observa Peralta.

Motivos para ahorrar

Según la encuesta realizada por el Observatorio Inverco el año 2009, los motivos principales por los que los ciudadanos españoles ahorran son: complementar la pensión, obtener un rendimiento, la educación de los hijos, cubrir gastos extraordinarios y adquirir una vivienda. Esto último se come un 80% de la capacidad de ahorro de las familias españolas, recuerda Peralta. En el año 2011, la prolongación de la crisis y la disminución de la renta de las familias hizo caer la tasa bruta de ahorro en el 11,5% -una cifra no muy diferente del resto de economías europeas-. Pero si se descuenta la cantidad destinada a la adquisición de bienes inmuebles (esto incluye la amortización de la hipoteca), el ahorro neto se reduce al 3%.

En cuanto al ahorro como complemento de la pensión pública, la población española también está bastante atrás de otros países occidentales. A pesar de ser conscientes de la debilitación del sistema de la Seguridad Social, el 80% de la población del Estado admite que no se ha parado a calcular cuáles serán sus necesidades económicas cuando se jubilen y qué parte podrán cubrir con la su pensión, según un estudio realizado por Esade en 2009.

 

Cómo invertir

“Invertir bien los ahorros no es tan complicado”, dice Sergio Soro, cofundador de Robusto. Una vez identificada qué cantidad se quiere ahorrar en un año concreto, hay que tener en cuenta tres factores: el ahorro de los que ya disponemos, la cantidad de nuestros ingresos que queremos ahorrar periódicamente y el rendimiento que podemos sacar de invertir estos ahorros. Un sencillo cálculo de Excel, proporcionado por numerosas webs de asesoramiento financiero, permite calcular el rendimiento anual que se necesita para alcanzar el objetivo.

“El siguiente paso será decidir cuál o cuáles productos financieros nos permitirán alcanzar el objetivo, teniendo en cuenta el grado de aversión al riesgo del ciudadano”, añade Peralta.

Generalmente, cuanto más rendimiento genera un activo, mayor puede ser la oscilación de su valor durante el tiempo de inversión y, por tanto, más tiempo se necesita para lograr el retorno de la inversión. “Los productos de mayor riesgo, como la bolsa, son más aconsejables para los ahorradores jóvenes, ya que tienen más tiempo para recuperar la inversión”, insiste Peralta.

Los activos de renta fija, en cambio, suelen requerir menos tiempo para generar el retorno esperado y oscilan menos.

Riesgo y beneficios fiscales

 

Una vez escogidos los activos en los que se quiere invertir, hay que tener en cuenta la diversificación, liquidez y fiscalidad de cada producto. Diversificar la cartera de inversiones -depósito, bolsa, deuda pública, etc.- permite diluir el riesgo.

En cuanto a la liquidez (la capacidad para rescatar el dinero de manera inmediata), Peralta advierte que si tenemos toda la inversión concentrada en activos poco líquidos, como los planes de pensiones, corremos el riesgo de no poder disponer de dinero en caso de urgencia.

En cuanto a las ventajas fiscales, existen activos de inversión colectiva, como los fondos y las sicavs, cuyos rendimientos no tributan por el impuesto de capital mobiliario (RCM), por lo que pueden reinvertir el 99% de los sus ganancias (cotizan por el impuesto de sociedades) en otros activos. El inversor sólo tributará por RCM en el momento en que se vende sus participaciones en el fondo.

Los planes de pensiones, por su parte, tienen el privilegio de que las aportaciones anuales (hasta un límite anual) están exentas de tributar el IRPF (tributarán más adelante, cuando el consumidor se jubile y rescate su plan de pensiones). También hay algunos productos aseguradores, como los PIAS, que gozan de exenciones parciales a la hora de rescatar la inversión si se cumplen determinados requisitos.

 

Actualmente, la seguridad y la rentabilidad son los factores claves a la hora de seleccionar un producto de inversión, por delante de la liquidez y la transparencia, que eran los atributos más importantes del año 2009, según un informe reciente publicado por Inverco. De acuerdo con la encuesta, una cuarta parte de los ahorradores aumentarán su inversión en fondos el año 2012, mientras que 4 de cada 10 prevén incrementar sus ahorros en planes de pensiones y depósitos. En los últimos dos años se ha duplicado la proporción de ahorradores que se definen como conservadores: 55%, en comparación con el 25% en 2009.

 

Según Inverco, los productos con mayor presencia en la cartera de los ahorradores son los depósitos (56%), los planes de pensiones (50%) y los fondos de inversión (25%). Estos últimos son los que más satisfacción dan al ahorrador.

Asesoramiento

Cuando llega el momento de invertir, la mayoría de ahorradores siguen acudiendo a las oficinas bancarias en busca de información. Aún así, los foros y redes sociales en internet están ganando terreno como fuente de asesoramiento.

“Hasta ahora hemos dejado demasiado margen a las entidades financieras para que gestionen nuestros ahorros”, dice Jesús Palau, profesor de finanzas de Esade. Palacio cree que los particulares deberían tener el mismo derecho que las entidades financieras para crear su propio plan de pensiones y beneficiarse de las ventajas fiscales. Sin embargo, un particular sólo puede optar a un fondo de inversión o de pensiones si lo contrata a través de una institución financiera, que le cobrará comisiones de gestión para cada operación de compraventa. “A los bancos les interesa más su rentabilidad que la del consumidor”, comenta Palau.

Invertir en vivienda?

La decisión de invertir los ahorros en la compra o alquiler de una vivienda debería ir acompañada de un análisis financiero que determinara qué opción tiene más costes para el ahorrador. Lamentablemente, los motivos sentimentales y otros estímulos sociales han hecho que buena parte de la población española endeudara en los últimos años para adquirir una vivienda. Según Peralta, alquilar “no es tirar el dinero” sino que puede ser una opción mucho más rentable, teniendo en cuenta los intereses generados por la hipoteca y las oscilaciones de precios en el mercado inmobiliario. Por otra parte, alquilar permite tener un patrimonio más líquido en caso de tener alguna emergencia o necesitar un cambio de domicilio. “El discurso de la propiedad ha tenido tanto éxito que se han aceptado precios y condiciones que ahora limitan el margen de maniobra financiera de muchas familias”, concluye el informe realizado por Esade. Aunque esta vinculación discutible entre propiedad, incremento de precios de la vivienda y ahorro ha diluido la preocupación por la previsión, el nuevo entorno de la crisis puede significar el nacimiento de una nueva cultura del ahorro.

 

La edad, un condicionante destacado en la actitud ante el ahorro

La edad es un condicionante importante en la actitud de los ciudadanos ante el ahorro. Según un informe sobre previsión y ahorro elaborado en 2009 por Esade y la fundación Edad & Vida, las generaciones de la posguerra (más de 60 años) son las más prudentes en sus hábitos de consumo y de ahorro. Adaptan con menos resistencia a las situaciones de crisis y son más bien pesimistas ante lo que pueden esperar del Estado.

El sistema público de pensiones supera en muchas ocasiones sus expectativas. Las generaciones del baby boom, entre los 40 y 50 años, se han instalado en el modelo de consumo y les cuesta encajar las malas noticias. Asimilan crecimiento en prosperidad y se plantean el ahorro en vivienda como una inversión, muchas veces especulativa. La hipoteca se ha comido la capacidad de ahorro de la clase media.

Los más jóvenes, en la treintena, ya no son tan optimistas. Son los mejor preparados profesionalmente, pero también los que han topado con dificultades para seguir el modelo de sus predecesores. Aparecen la nueva geenración, con unas expectativas laborales y sociales que consideran injustas ante su deseo de mantener o superar el nivel de vida de sus padres, por lo general con una peor preparación y un nivel de estudios más bajo. Empujados por la frustración, en muchos casos han sustituido la cultura del esfuerzo individual y buscan en el exterior la solución de sus problemas, exigiendo el apoyo incondicional de la familia, la administración o la empresa.