En una ocasión un vecino que tenía que marcharse de viaje y temía que le robaran, pidió a otro vecino y amigo que le guardara una caja donde tenía oro y plata. Al volver de viaje, como es lógico, le pidió la devolución de la caja con todo su contenido.

El vecino mentiroso, sin embargo, le dijo ¡que los ratones se lo habían comido! Cuando él los descubrió era ya demasiado tarde así que no podía hacer nada por ayudarle.

El vecino prestatario sabía que le estaban mintiendo, pero fingió aceptar la respuesta. Entre excusas y distracciones, escondió al hijo de éste en su casa y le invitó a cenar.

El vecino mentiroso, sin embargo, le dijo que no podía, había perdido a su hijo y no conseguía encontrarlo.

El vecino prestatario le dijo que no se preocupara, que lo encontraría, ya que él mismo había visto cómo un búho se lo llevaba. Al fin y al cabo, si los ratones comían oro y plata, los búhos podían perfectamente robar niños.

El vecino mentiroso entendió la indirecta, le devolvió todo su oro y plata y recuperó a su hijo.

Moraleja: Las mentiras siempre acaban volviendo haciendo daño a quien las dice