La educación es una de las actividades que ha ido evolucionando a través de los tiempos, de acuerdo con las condiciones de la humanidad y con aquellos pensadores y luchadores incansables que, no conformes, buscan renovar el hacer educativo que permita una mejor manera de aprender y de enseñar. El objeto de la docencia es contribuir al desarrollo personal de los alumnos, una acción que implica el ejercicio de la tutoría.

El papel del tutor con los niños

La profesionalización de los docentes es un requisito fundamental para la consolidación de un modelo educativo de calidad. La implementación de la LOGSE (1990) permitió profundizar y difundir un nuevo perfil que concibe al docente como un profesional con capacidad para la investigación y la innovación. La función docente se considera como una profesión polivalente que incluye y valora principios éticos, además de habilidades didácticas y conceptuales. Si en otro tiempo se podía identificar al docente como un mero transmisor de conocimientos, en la actualidad la docencia abarca ámbitos más amplios y diversificados que tienen relación con el aprendizaje, las relaciones sociales y el trabajo en equipo. Un aspecto básico del perfil docente actual es la capacidad para vivir en la búsqueda continua de soluciones a los problemas que se plantean. Se tiene que ver la figura del docente como la figura que crea condiciones en las que el alumno adquiera conocimientos en contextos activos, participativos y significativos, donde el docente acompaña a los alumnos en los procesos cotidianos de enseñanza-aprendizaje, teniendo capacidad para ponerse al lado del alumno. Uno de los aspectos que se debe de tener en cuenta es que la tutoría es una oportunidad para el docente, ya que le permite reflexionar sobre su figura como profesor. Paulo Freire, entiende la educación como el proceso en el que el educador deposita información sobre la mente pasiva del educado.

Los alumnos necesitan la referencia de una figura que le sirva de guía y de mediación en el despliegue de los procesos de enseñanza-aprendizaje y su articulación con las dimensiones afectivas, sociales y relacionales. Ahora la figura del docente se percibe como un agente de mediación educativa y humana, capaz de adaptar la iniciativa y la intervención educativa al contexto, a las necesidades y peculiaridades de los destinatarios, preocupándose por incentivar relaciones y colaboraciones productivas entre profesores, familias, centro escolar, y los alumnos y alumnas.

Esta es la razón por la que en la educación hay que retomar los aciertos de cada una de las formas que han existido en el proceso de enseñanza – aprendizaje, cuyo estudio permitirá implementar la mejor estrategia para evolucionar a nuevas formas y herramientas para llevar a cabo una buena práctica docente.

El alcance del docente va más allá de la simple transmisión de saberes, conceptos, conocimientos. Hay que tener en cuenta que en ese recorrido hecho en común se establecen relaciones, se exploran formas de hacer y de actuar, modeladas a través del encuentro y el respeto mutuo entre tiempos, necesidades y dificultades.