Érase una vez un alumno llamado Joaquín que era conocido popularmente por compañeros y también profesores, por ser un joven realmente mentiroso. Joaquín, engañaba en todo a todo el mundo y parecía no importarle en absoluto, las distintas consecuencias que pudieran derivarse de sus actos.

Una tarde, mientras caminaba por la calle decidió que se reiría de uno de sus profesores de escuela fingiendo una caída, para que dicho profesor llamase a emergencias y lo llevaran al hospital. Fingió caer al suelo para engañar a su profesor y que éste llamase a la ambulancia para que acudieran a socorrerle. Cuando estaba en el suelo, gritó con todas sus fuerzas: “¡Ayyyyy! ¡Ayyyyy! ¡Ayyyyy!” a lo que el profesor acudió al lado de Joaquín y teléfono móvil en mano, llamó a la ambulancia para que lo trasladasen al hospital. Sin embargo, una vez que la ambulancia llegó, el joven se levantó y riendo continuó con su camino.

Una semana más tarde, siendo un día lluvioso, Joaquín sufrió una caída real y se hizo mucho daño, pero cuando su profesor lo vio no hizo caso alguno y prosiguió con su camino.

Moraleja: Mentir no lleva a ninguna parte porque cuando se diga la verdad, nadie nos creerá.