Érase una vez en verano, una cigarra jugaba y cantaba por todo el bosque con mucha alegría y despreocupación, reía y comía todo lo que se encontraba a su paso y cuando quería se llevaba horas y horas tumbada durmiendo. Un día se encontró a una pequeña hormiga trabajando. La hormiga recolectaba mucha comida para el invierno, para que de esta manera no tuviera problemas con la comida, ya que en esa época del año suele escasear la comida.

La cigarra le preguntó qué porque no jugaba, y la hormiga le dijo que prefería trabajar ahora, que pasarlo mal después. A lo que la cigarra se burló de ella llamándola aburrida y sosa.

A los pocos días de entrar el invierno la cigarra se encontraba alterada ya que no encontraba comida por ningún sitio y veía que iba a pasar hambre, y mientras veía a la hormiga jugando con sus amigas, y la cigarra se acordó de aquellas palabras que le había dicho en verano la hormiga y deseo haberla hecho caso.

Moraleja: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.