¿Qué hábitos influyen en la calidad del sueño del niño? La rutina de los padres y los niños debe ser las mismas. La falta de un sueño saludable es un círculo vicioso, con profundas implicaciones en el comportamiento y en el normal desarrollo de las capacidades cognoscitivas del niño: con su falta, el bebé tendrá menos energía y menos entusiasmo para llevar a cabo las actividades diarias, pérdida de la capacidad de concentración, acumularon fatiga, irritación, agresividad, hiperactividad, etc.

¿Qué hábitos influyen en la calidad del sueño del niño? ¿La rutina de los padres y los niños debe ser las mismas?. ¿Cómo negociar una nueva rutina con tu hijo? Estas son sólo las principales cuestiones que plantean preguntas para los padres.sueno_ninos

¿Por qué nos preocupamos tanto sobre el sueño del bebé y menos con el sueño de los niños mayores?

El papel de una rutina de sueño saludable en el desarrollo normal del niño y en el éxito del funcionamiento de la escuela es muy elevado. La cuestión fundamental: establecer una rutina acorde a las necesidades, ritmo y etapas de desarrollo.

Cuando el niño se mueve desde preescolar a noveno grado, hay hábitos, comportamientos y rutinas que pueden precisar de ser revisadas y ajustar los requerimientos de la nueva realidad a la que se enfrenta.

Aunque algunos padres definen reglas precisas a la hora de acostarse temprano, las demandas de la vida cotidiana no siempre permite mantenerlas. Un sueño saludable es un proceso que requiere de aprendizaje y maduración. Según los expertos, este aprendizaje comienza en cuanto el bebé nace por tanto nunca es demasiado temprano para establecer una rutina adecuada y para iniciar un reeducación del sueño.

Llegar a casa tarde después del trabajo, ayuda a hacer los deberes, organizar los baños, preparar la cena, preparar las tareas de día siguiente, son tareas necesarias pero ello hace que se prolongue el momento de ir a la cama de los padres y del niño más allá de lo deseable y, al día siguiente esto se repite, y sucede casi siempre lo mismo.

Frente a este ritmo, entre semana, como con los adultos, el niño está agotado, con poca energía y menos capaz de dedicarse a la realización de las tareas sobre todo aquellas que requieren de una mente alerta y capacidad de concentración.