Los padres deben estar muy al pendiente de los posibles síntomas de hiperactividad que puedan presentar sus hijos, principalmente entre los primeros meses y dos años de edad. Entre los síntomas destacan problemas en el ritmo de sueño, poco apetito, pocas horas de sueño, irritabilidad, mucha reactividad a cualquier sonido y molestia al recibir sus cuidados diarios.

Podemos definir hiperactividad como un aumento progresivo en la actividad corporal, los impulsos, la distracción y una enorme reducción en la atención de los infantes. Muchos piensas que el consumo de azúcar o algunos edulcorantes artificiales tiene alguna relación con el exceso de actividad en los pequeños a estas edades, cosa que es muy discutible. Esto no está debidamente comprobado como otras causas que si han sido objeto de estudio durante mucho tiempo.

Causas de la hiperactividad en los más pequeños

Según algunas estadísticas, aproximadamente el 3% de los niños menores de 4 años son afectados por este trastorno y la frecuencia en niños es muy superior a la de las niñas. En 1914, el doctor A. Tredgold aseguró que este desorden podría deberse a una diminuta disfunción cerebral que afecta directamente el área de comportamiento y de ahí viene la explosiva actividad corporal, los impulsos indetenibles y la dificultad de permanecer quietos en un mismo lugar.

En la década de 1930, se llevaron a cabo descubrimientos sobre los posibles efectos terapéuticos contenidos en las anfetaminas usadas en niños con este trastorno. Basados en las investigaciones realizadas por Tredgold, algunos médicos de la época suministraban a estos niños medicamentos tales como la bencedrina. Los resultados fueron extraordinarios y se concluyó que dichos medicamentos estimulantes si contrarrestaban notablemente los sistemas de la hiperactividad.

¿Cómo saber si tu hijo padece de hiperactividad?

Ya que todos los niños tienen comportamientos y desarrollos completamente distintos entre si, es un poco complicado saber qué puede ser considerado normal y qué puede ser considerado ya como algo patológico. Usualmente, los pequeños afectados por este trastorno son demasiado inquietos, irritables y demasiado reactivos a los estímulos auditivos. Además, se asustan y sobresaltan con mucha facilidad ante cualquier estímulo que puede no ameritar una reacción como esa.

En el caso de otros, pueden conciliar el sueño con mucha dificultad, se despiertan con mucha frecuencia y cuando lo hacen lloran mucho. Ya cuando muchos niños se encuentran en la edad preescolar, pueden volverse muy inquietos, distraídos, impulsivos y utilizan el deporte como un canalizador de este exceso de energía que están experimentando. Es muy frecuente que en esta etapa de sus vidas, muchos presenten problemas de aprendizaje y fallas durante su desarrollo gráfico.

Si tienes un bebé menos de 12 meses hay otras señales a las que debes estar alerta para que al momento de la consulta médica, le indiques al pediatra claramente cuales son los síntomas que notas en el niño. Si es hiperactivo es muy probable que no reaccione adecuadamente a los estímulos auditivos, tenga problemas para dormir y sus conductas alimenticias sean poco sanas. Si al cumplir el año de edad, se desinteresa por el medio y personas que lo rodean o tiene fallas motoras, podría tratarse de autismo.