Como su nombre lo sugiere, auto medicarse es la acción de diagnostico, prescripción y consumo de fármacos por cuenta propia. Es decir, sin recurrir o un profesional calificado  en el área de la medicina o las ciencias farmacéuticas.

El irracional comportamiento de los seres racionales

Es una práctica común para la mayoría de las personas, que ante la aparición de una dolencia física, consultar con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y hasta con un extraño con el que nos topamos en forma casual en la calle.

Indagamos si nuestro conocido sufre o sufrió de algo parecido y en caso que él conteste afirmativamente, preguntarle qué tomó cuando eso ocurrió. Todo ello con el fin de aplicar el infalible teorema de la paridad, cuyo principal axioma es: “La salsa que es buena para el pavo, debe también ser buena para la pava”.

Por lo general se prefiere hacer esto, antes de abordar un camino más expedito y lógico al anterior, el cual sería ir con un profesional de la medicina, quien de seguro está mucho más capacitado que cualquiera de nuestros encuestados.

Usualmente nos encargamos de escuchar, analizar los síntomas, tomar acciones que le permitan emitir un diagnóstico y por último, definir un tratamiento que propenda nuestra salud. Estadísticas demuestran que el 72% de la gente prefiere tomar el primer camino y solo un grupo reducido del 18% opta por escuchar la opinión del médico.

Riesgos de la automedicación

Toda acción irracional conlleva un riesgo, y este será más elevado, cuanto mayor sea la irracionalidad de la acción realizada. Si estamos hablando de situaciones puntuales que implican un dolor de cabeza, fiebre de grado moderado o una acidez estomacal que ocurre luego de un abuso gastronómico; tomar por cuenta propia un analgésico, conlleva un mínimo riesgo para quien así actúa.

Por otra parte, si se trata de la misma situación anterior pero repetitiva en el tiempo, seguir el mismo esquema para su solución puede enmascarar una situación de mayor complejidad clínica que debe ser atendida por un experto, a fin de que este pueda dar con el origen verdadero de nuestras dolencias y hasta prevenir complicaciones mayores, atendiendo oportunamente nuestra situación.

En ningún caso, nuestra irracional osadía nos debe llevar al consumo no controlado de antibióticos u otro medicamento de esta índole, pues el remedio puede ser peor que la enfermedad. Muchas veces se consumen medicamentos erróneos de manera excesiva y fortalecen los microorganismos malignos que nos enferma, a la larga se hacen inmunes a ellos, eliminando una valiosa línea de defensa para el tratamiento del paciente.

¿Entonces, qué debemos hacer?

Ante la ocurrencia de una dolencia, no resulta práctico correr a la consulta médica. Hay que buscar un equilibrio, y por sobre todo guardar registro de lo que ocurre. Debemos aprender a escuchar nuestro cuerpo y saber distinguir entre los casos de ocurrencia esporádica y los repetitivos.

Esto además de ayudarnos a actuar con racionalidad, y si ella nos indica que debemos buscar la ayuda de un medico, nos permitirá ofrecerle información importante para un diagnóstico oportuno.